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Antología III

10 mar. 2011

7. CARA Y CRUZ EN LA POESÍA

La palabra es vehículo para el arte, la evasión o la risa, pero cuando se emplea la poesía para defender ideas y derechos, hermanarse con los otros, cantar himnos, agitar las conciencias, denunciar injusticias, dar voz a los que no la tienen, dignificar la vida, condenar la tortrura y la muerte, interrogar al mundo…, entonces la poesía es compromiso.

“Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad, la segunda una erotización del lenguaje.” Octavio Paz; 1914-1998; poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano.

“Con mi poesía y con mi teatro, las dos armas
que más me corresponden y que más uso, trato
de aclarar la cabeza y el corazón de mi pueblo,
sacarlos con bien de los días revueltos, turbios,
desordenados, a la luz más serena y humana.”

Miguel Hernández


Ø Rafael Alberti : (1902-1999) resume en su evolución poética el cambio de acento de una poesía que solo se intersaba por el goce íntimo a una poesía comprometida, de protesta, incluso política.

A RODOLFO HALFFTER

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla,
y sobre el anca una estrella,
y sobre la estrella el viento,
y sobre el viento la vela!

Rafael Alberti

 
Ø Luis Cernuda (1902-1963). En un principio recorre con su poesía el camino de los primores estéticos y las preocupaciones individuales, pero ambas carecían de sentido en un país en armas. Ante una realidad como la guerra y el exilio, sus poemas posteriores expresan desde el rencor, hasta la rabia, pasando por el amor y la nostalgia
La verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que son su lengua, sus ojos y sus manos
proclamaba ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Ø Jorge Guillén y Pablo Neruda ejemplifican con sus textos una cuestión importante en la evolución de la poesía y el arte de los años veinte: ¿hasta qué punto debe la poesía mezclarse con la vida?

SOBRE UNA POESÍA SIN PUREZA

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos del carpintero. De ellos se desprende el contacto con el hombre y la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo. La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a la orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, como arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias sacudidas, idilios, creencias […] negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos. La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, sin aceptar deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y hielo, todo tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, eses recurso de un magnífico tacto. Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, “corazón mío” son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huya del mal gusto cae en el hielo

Pablo Neruda

Ø Miguel Hernández confiesa ser un poeta popular en cuanto que vive para exaltar los valores del pueblo. Por él escribe, para dignificarse como hombre, y concibe la poesía como un arma de guerra y como un arma en la paz para denunciar la injusticia del mundo.
Ø César Vallejo (1893-1938), poeta peruano, y el cubano Nicolás Guillén abandonan la vanguardia en tiempos de agitación para reivindicar la solidaridad humana en sendos poemas que se han convertido en himnos.
Al fin de la batalla,
Y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
Y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronse
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo,
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil
Clamando: ¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte?
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Lo rodearon millones de individuos,
Con un ruego común: “ Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra.
rodearon: les vio el cadáver triste, emocionado;
Incorporándose lentamente,
Abrazó al primer hombre; echóse a andar…
César Vallejo


*****



8. INVITACIÓN A LA RISA

La risa y el humor ya se encontraban en la literatura clásica y en el mundo medieval, desde Aristófanes y Plauto hasta los goliardos, el Arcipreste de Hita o Geoffrey Chaucer.

La comicidad se muestra intensamente en el Renacimiento y el Barroco con autores como Rabelais, Cervantes o Quevedo: y su legado permanece en nuestros días. La historia literaria se ha teñido de humor y comicidad para regocijo de los lectores de ayer y hoy.
“La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano.” Víctor Hugo (1802-1885) Novelista francés.

Niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

Pablo Neruda


Ø Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) estrena “Eloísa está debajo de un almendro” en 1940, año que el que la risa no puede ser otra cosa en España más que evasión. En el prólogo, algunos personajes esperan el comienzo de una sesión de cine y su conversación recrea un cuadro costumbrista, al mismo tiempo disparatado, que se interrumpirá más tarde con la aparición en escena de los verdaderos protagonistas.

Ø Fernando Arrabal publica “Pic-Nic”, su primera obra, cuando solo tenía veinte años. La acción se desarrolla durante la Guerra Civil, dentro de una trinchera en donde todo sucede como en un juego-realidad. Los personajes viven ingenuamente su tragedia, se comunican con diálogos disparatados, hablan con un lengaje inversímil y ponen sobre la mesa, en fin, lo absurdo de la guerra

- SRA. TEPÁN.- No te preocupes, ya le diré yo un par de cosas a ese capitán. […] Bueno, vamos a comer.
- SR. TEPÁN.- Sí, vamos, que tengo un apetito enorme. A mí, este tufillo de pólvora, me abre el apetito.
- SRA. TEPÁN.- Comeremos aquí mismo, sentados sobre la manta.

- ZAPO.- ¿Como con el fusil?
- SRA. TEPÁN.- Nada de fusiles. Es de mala educación sentarse a la mesa con el fusil. (Pausa.) Pero, qué sucio estás, hijo mío… ¿Cómo te has puesto así? Enséñame las manos.
- ZAPO.- Me he tenido que arrastrar por el suelo con eso de las maniobras.
- SRA. TEPÁN.- Y las orejas, ¿qué?
- ZAPO.- Me las he lavado esta mañana.
- SRA. TEPÁN.- Bueno, puede pasar. ¿Y los dientes? (Enseña los dientes.) Muy bien. ¿Quién le va a dar a su niñito un beso por haberse lavado los dientes? (A su marido.) Dale un beso a tu hijo que se ha lavado bien los dientes. (El Sr. Tepán besa a su hijo.) Porque lo que no se puede consentir es que con el cuento de la guerra te dejes de lavar.
- ZAPO.- Sí, mamá. (Se ponen a comer)

Ø José Luis Alonso de Santos dibuja, en “Bajarse al moro”, un boceto del Madrid de los años ochenta desde una buhardilla en la que se instalan ciertos “progres” entrañables. Aunque es cierto que la sonrisa se nos viene a los labios, es una sonrisa amarga ya que el humor cumple aquí la función de cuestionar los nuevos sueños de la libertad.


Ø Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) narra en “Sin noticias de Gurb” las disparatadas aventuras de unos extraterrestres perdidos en nuestro complicado mundo. El humor constituye el recurso empleado en este relato para poner de relieve algunos aspectos absurdos de nuestra vida cotidiana.

*****

 
9. EL VUELO DE LA MAGINACIÓN
Toda la historia literaria ha rendido tributo a la fantasía. Desde los orígenes hasta nuestros días, los más hermosos sueños del ser humano han vivido en el arte. Frente a las sombras de la realidad, se alza la belleza de esos mundos imaginarios que dulcifican nuestra vida
“La hija directa de la imaginación es la metáfora nacida al golpe de la intuición, alumbrada por la lenta angustia del pensamiento." Federico García Lorca (1898-1936), escritor español.
“La imaginación está hecha
de convenciones de la memoria”
 
Jorge Luis Borges

Ø Jorge Luis Borges (1899-1986), poeta y narrador argentino de fastuosa imaginación al que debemos páginas memorables en el género de la literatura fantástica, concibió una visión simultánea y fugaz de todo lo que ha existido y de todo lo que existirá: “el Aleph”.

EL ALEPH

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato, empieza aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y las circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: La enumeración, si quiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, v una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Sentí infinita veneración, infinita lástima.

Ø Juan Rulfo (1917-1986) es el creador de “Pedro Páramo”, una fascinante pesadilla poblada de almas en pena que conversan desde sus sepulturas y rememoran los días violentos y desesperados de antaño, cuando aún eran seres vivientes en la atribulada tierra de México.

 
Ø Grabriel García Márquez (Colombia, 1927) creó en su novela “Cien años de soledad” un mundo mítico donde todo es posible; en este relato, los mandatos de la razón se suspenden ante la imaginación del escritor colombiano.

 
Ø Álvaro Cunqueiro (1911-1981) representa la cima de la literatura fantástica española del siglo XX. Su portentosa imaginación ha dejado como legado un buen número de fascinantes historias. Un ejemplo de estas historias son las que contiene uno de sus más hermosos libros, que es “Merlín y familia”.

Ø Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) consigue en este breve relato que lo fantástico, lo sobrenatural, irrumpa de forma brusca en la vida cotidiana. La frontera entre lo real y lo maravilloso, entre lo racional y lo irracional, queda difuminada y abierta, y nuestra visión del mundo, enriquecida por nuevas perspectivas.

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