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La finalidad de este blog es reflexionar sobre las artes de antes y ahora y sus repercusiones en la actualidad. Poneos cómodos, tomad asiento y disfrutad. Saludos.

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Ilustr-arte

5 mar. 2011

Desde este blog, queremos transmitiros un enfoque innovador con respecto a las artes. Si bien os contamos el recorrido histórico de las distintas disciplinas, dado que sin ello sería imposible comprender su evolución, nuestra intención es ir más allá de lo que todo el mundo conoce por arte. En el caso de la pintura, no sólo debemos considerar los cuadros de los museos como arte, sino que también hay que tener en cuenta muchas otras manifestaciones artísticas. Para la entrada de hoy, he escogido la disciplina de la ilustración (sin mayúscula), que todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos disfrutado.

Nuevamente, hemos de remontarnos a la Prehistoria, ya que las pinturas ruprestes son las primeras historietas de la historia; al fin y al cabo, solían relatar acontecimientos acaecidos que se consideraban importantes. Podríamos, por tanto, decir que eran historietas de carácter histórico-religioso.

Entre las antiguas civilizaciones, los más destacables fueron los mayas, incas, aztecas y egipcios con sus jeroglíficos, generalmente de contenido religioso. No obstante, los murales y relieves grecolatinos también poseían una función similar y no podríamos pasar sin mencionarlos.

Ya en el Medievo, los tapices europeos, chinos y árabes narraban auténticas historias, a menudo ficticias o legendarias, dignas de "Las mil y una noches". También debe aludirse a los manuscritos iluminados o miniados, la escritura mixteca y, sobre todo, la xilografía o grabado sobre madera.

Las primeras historietas impresas no aparecerían hasta el siglo XVI con los pliegos de cordel y las aleluyas. Se comenzaron a crear pinturas en serie (a modo de viñetas de cómic) y se introdujo el globo de diálogo o bocadillo, de la mano de los humoristas gráficos ingleses del siglo XVIII, comenzando así a entrar en el ámbito de la literatura. Más tarde llegarían la litografía, esencial para la reproducción artística impresa, y las conocidas imágenes de Epinal (imagen), antecedente directo de los cómics tal y como los conocemos.

Con la proliferación de la prensa escrita de mediados del siglo XIX y la libertad de expresión y prensa, se empezaron a incluir las famosas caricaturas, muy a menudo como medio de sátira crítica de la política. La revista francesa Le Caricature fue pionera en este aspecto e inspiró a otras publicaciones, como la revista británica Punch, a dar el gran salto al público consumidor de cómics por excelencia: los niños y jóvenes. Surgieron personajes fijos a lo largo de interminables sagas y en 1893 llegó el ansiado color a las viñetas.

En EEUU nacieron grandes editores de fama mundial, como Hearst y Pulitzer, que utilizaron las historietas o novelas gráficas para atraer a todo tipo de públicos, desde jóvenes hasta ancianos. Huelga decir que fue en este país donde nació el cómic moderno, primero con publicaciones surrealistas como Little Nemo in Slumberland (1905), Krazy Kat (1913) y El gato Félix (1919) y más tarde con otras del tipo de Popeye, el marino (1929), creada para promover el consumo de espinacas entre los niños. Paralelamente, revistas de todo el mundo se especializaron en la publicación de tiras y viñetas, siendo imposible no mencionar la gran TBO (1917) española, de donde se obtendría la palabra castellana más usada para referirse a los cómics: tebeo. Las publicaciones más famosas de esta revista llegarían de la mano de Bruguera, Grupo ZETA y Ediciones B, por ejemplo El Capitán Trueno (1956).

Durante la Gran Depresión (crack del '29), se produjo una renovación temática y estilística, siendo publicaciones de gran éxito Mickey Mouse (1930), Dick Tracy (1931) y las posteriores Flash Gordon (1934) y Tarzán (1937), entre muchas otras. Pero la historieta en prensa pronto de enfrentaría a un enemigo duro de roer: los comic books o cómics propiamente dichos. La innovación más reseñable de este nuevo tipo de publicaciones fue la invención de superhéroes, siendo, como habréis adivinado, su máximo exponente la Marvel de Martin Goodman (actualmente en propiedad de Disney), aunque su mayor editor fue el casi venerado Stan Lee (DC Comics). Fue en esta casa de las ideas, como se la conoce, donde nacerían los patrióticos Superman (1938), Capitán América (1941) y Wonder Woman (1941), así como Batman (1939), Linterna Verde (1940), G.I. Joe (1942), Los 4 Fantásticos (1961), Spider-man (1962), Hulk (1962), Thor (1962), X-Men (1963), Ángel (1963), Iron Man (1963), Daredevil (1964), The Punisher (1964), Pantera Negra (1966), Ghost Rider (1972), Blade (1973), Scooby Doo (adaptación de 1977), Conan, el bárbaro (adaptación de 1978), Elektra (1981), Indiana Jones (adaptación de 1981), Transformers (adaptación de 1984)... Como veis, las publicaciones de éxito son innumerables (imaginaos las menos famosas), por lo que el merchandising en torno a ellas es abrumador, especialmente gracias a la juguetera Hasbro. Muchos de estos personajes dieron el salto a la pequeña y gran pantalla (y, posteriormente, al mundo de los videojuegos), naciendo series de Marvel exclusivamente para televisión (Gargoyles, Ren & Stimpy...) y produciéndose numerosas colaboraciones con otras compañías, así como crossovers o cruces entre series (La Liga de la Justicia, 1960). Como curiosidad, el primer superhéroe de cómic fue la Antorcha Humana (Los 4 Fantásticos), recientemente fallecido en el último cómic publicado.


La Edad de Oro de los cómics abarcó desde 1943 hasta 1962. Tras la notable influencia de la IIGM, la prohibición de importar cómics americanos a Gran Bretaña hizo florecer las publicaciones canadienses y australianas. En la prensa, se impusieron las actuales daily strips (tiras diarias), de gran carga intelectual, como Peanuts (1950), Mafalda (1964) y, a partir de 1970, las tiras del catalán Forges, y se creó la famosa revista MAD Magazine. También se produjo una ampliación temática, orientándose sobre todo a la ciencia ficción gracias a la influencia de Marvel. En la escuela franco-belga, que ya había triunfado con Las aventuras de Tintín en 1929, nacieron nuevos éxitos del calibre de Lucky Luke (1946), Los Pitufos (1958) y Astérix, el galo (1959), y en Japón apareció la revista Manga Shonen (1947), que rompió totalmente con los esquemas gráficos disneyanos.

El nacimiento de una nueva conciencia llevó a importantes innovaciones, como el trato del tema erótico y, más tarde, incluso de la pornografía, así como las llamadas historietas de autor. En Italia, se creó Diabolik (1962) al más puro estilo marveliano, originándose el género fumetto nero de historietas para adultos. De vuelta a EEUU, fueron publicados Watchmen (1986) y Sin City (1991), aún con gran influjo de Marvel. Como en Italia, las publicaciones españolas sufrieron un boom del cómic adulto gracias a figuras como Alfons Figueras, José Escobar (creador de Carpanta en 1947, Zipi y Zape en 1948 y Doña Tula en 1951), y, por supuesto, Francisco Ibáñez, autor de Mortadelo y Filemón (1958), La familia Trapisonda (1958), 13, Rue del Percebe (1961), El botones Sacarino (1963), Rompetechos (1964), Pepe Gotera y Otilio (1966) y Tete Cohete (1981). También son destacables Doña Urraca (1948), Las hermanas Gilda (1949), Anacleto, agente secreto (1965) y Superlópez (1973).


En actualidad, son múltiples las publicaciones ilustradas; por citar algunas, aparte de las ya enumeradas en el párrafo anterior, puede aludirse a Daniel, el travieso (1951), El gato Fritz (1965), Garfield (1978), las Tortugas Ninja (1984), Makinavaja (1986), El pequeño Spirou (1987), Dilbert (1989), Los Simpsons (adaptación de 1996), El joven Lovecraft (2004) y parodias como Dragon Fall (1993) o Raruto (2005). Entre las publicaciones en prensa, especialmente significativas son las del semanal satírico El Jueves.


Los géneros de la ilustración son amplísimos, pero se puede distinguir, en líneas generales, entre aventuras, bélico, ciencia ficción o futurista (mechas, space opera, superhéroes...), comedia y sátira, erótico, pornográfico, deportivo, policíaco y criminal, suspense, de terror, romántico, histórico (incluido el western), fantástico y legendario.

Sociológicamente, las novelas gráficas poseen gran interés por los temas que tratan, la perspectiva y los propios personajes. Por poner un ejemplo, al igual que el resto de artes, la ilustración se ha visto influida por el contexto socioeconómico e histórico-cultural; así, durante los regímenes del terror fascistas, predominaron los cómics de terror y de tema criminal. Además, la iconografía es esencial tanto para el lector como para el propio autor.

Para finalizar, me gustaría hacer referencia a la industria japonesa, en auge desde 1988, puesto que, con el triunfo indiscutible del manga de Akira, este tipo de cómics ha proliferado escandalosamente. Los mangas han existido desde que el arte gráfico nipón del siglo XI se encontró con las historietas occidentales del siglo XIX. Con una variedad temática que supera incluso la occidental y una terminología única y precisa, siempre se ha caracterizado por su liberalismo, llegando a publicarse, por ejemplo, novelas gráficas eróticas para el público joven. El manga moderno nació en torno a 1945 con los libros rojos; a partir de entonces, comenzaría la exportación del distintivo producto a Occidente (pues el manga es de exclusiva producción japonesa, aunque existan el llamado amerimanga o amecomi y el manhoa, manhua y manhwa), lo que implicaría inicialmente la adaptación del formato, ya que los mangas se leen de derecha a izquierda, aunque hoy en día lo más normal es encontrar versiones traducidas con el formato original. Esta industria, críticas y polémica aparte, supone un auténtico fenómeno de masas (otaku o Akiba-kei y cosplay) que ha incidido notoriamente en la sociedad occidental, razón por la cual los mangakas (autores de manga) proliferan de forma espectacular. Con respecto a los géneros, como se ha dicho, son sorprendentemente variados, pero destacan indudablemente:
  • Mahō Shōjo: Chicas con poderes. Ejemplos: Doremi, Sailor Moon...
  • Harem: Grupo femenino. Ejemplos: Love Hina, Negima!...
  • Kemono: Rasgos animales. Ejemplos: Black cat, Inuyasha...
  • (Super) Sentai: Equipo de superhéroes. Ejemplos: Power Rangers, Dragon Ball, Saint Seya (Caballeros del Zodiaco)...
  • Meitantei: Temática policiaca. Ejemplos: Death Note, Case closed (Detective Conan)...
  • Spokon: Temática deportiva. Ejemplos: Prince of tenis, Capitán Tsubasa (Campeones)...
  • Mecha: Robots. Ejemplos: Mazinger Z, Code Geass, Evangelion...
  • Cyberpunk: Sociedad futurista. Ejemplos: Battle Angel, Alita...
  • Gore: Alta violencia gráfica. Ejemplos: Hellsing, Gantz, Elfen Lied, Dokuro-chan...
  • Ero-guro: Gore bizarro.
  • Gekiga: Temática adulta dramática. Ejemplos: Koi Kaze, Infierno...
  • Lemon y lime: Temática adulta.
  • Hentai: Sexo explícito.
  • Ecchi: Contenido erótico con humor. Ejemplos: Infinite Stratos, Freezing, Dragon Crisis...
  • Kinshinsoukan: Relaciones incestuosas.
  • Romakome: Comedia romántica. Ejemplos: School rumble, Lovely complex...
  • Yuri y shōjo ai: Amor entre chicas. Ejemplos: Candy Boy, First love sisters...
  • Loli: Amor entre/con niñas.
  • Yaoi, shōnen ai y bara:  Amor entre chicos. Ejemplos: Gravitation, Junjou Romantica...
  • Shota: Amor entre/con niños.
  • Jidaimono: Ambientado en el Japón feudal (samuráis). Ejemplos: Fuju no semi, Tenken...
  • Progresivo: Emula la originalidad japonesa. Ejemplos: Paranoia agent, Serial experiments lain...
  • Dōjinshi: Producción amateur.

Además, se diferencian cinco categorías básicas en función del público:
  • Kodomo: Niños. Ejemplos: Pokemon, Mirmo, Hamtaro, Doraemon...
  • Shōnen: Jóvenes varones. Ejemplos: Bleach, Naruto, One Piece...
  • Shōjo: Chicas jóvenes. Ejemplos: Cardcaptor Sakura, Candy Candy...
  • Seinen: Jóvenes y adultos varones. Ejemplos: Speed Grapher, Berserk...
  • Josei: Mujeres jóvenes y adultas. Ejemplos: Paradise kiss, Nana...

Personalmente, creo que la gran desventaja del manga está en su precio, ya que, si bien son publicaciones relativamente baratas (en general, 7,50 € la unidad), el hecho de que sean amplísimas colecciones encarece cuantiosamente el coste. De todas formas, existen numerosos fans que se dedican al escaneo y traducción gratuitos de diversos mangas (scanlation), ya que muchos de ellos no llegan a España. Para todos los que nunca os hayáis atrevido con el género, os invito a probarlo. Yo he visto varios animes, el equivalente del manga en serie, y os puedo asegurar que hay más de uno de os gustará. Como recomendación particular, no puedo dejar de mencionar Death Note, máximo exponente del manganime a día de hoy. Espero que os animéis a probar algo nuevo, ¡todo el mundo repite!

Moda es todo lo que pasa de moda

27 feb. 2011

"La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista". Así se despedía el gran maestro de la alta costura de la segunda mitad del siglo XX, Yves Saint-Laurent, de lo que le había dado de comer durante cincuenta años. La moda es una disciplina que existe desde tiempos inmemoriales. Es una de esas cosas que parece haber estado siempre presente en las sociedades civilizadas. A fin de cuentas, resulta imposible pensar en una sociedad humana sin vestimenta.


DIME CÓMO VISTES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Este universal se puede aplicar a cualquier civilización y contexto espacio-temporal. Los antiguos egipcios no son la excepción, pues la ropa que ellos vestían constituía un símbolo de su condición social. La civilización del Nilo se caracterizaba por limitar la vestimenta a un faldín, un simple trozo de lino rectangular que se envolvía alrededor del cuerpo para cubrir desde la cintura hasta las rodillas. Pero los altos funcionarios, los nobles y, máxime, la realeza vestían un tipo diferente de ajuar. Y sí, es correcto referirse a su indumentaria como ajuar, ya que en último término los faraones eran enterrados con toda su indumentaria, collares, cinturones, joyas, aros, brazaletes, pectorales, sandalias, etc., constituyendo éstos verdaderos tesoros. A pesar de que actualmente la moda masculina ha ido ganando terreno, aún a día de hoy la moda sigue siendo mayoritariamente cosa de mujeres y ya en el Antiguo Egipto la moda femenina evolucionó mucho más que la masculina. El color básico de los vestidos era el blanco, pero a la vez se teñían algunos hilos con colores, sobre todo rojos o marrones, con los que se creaban composiciones geométricas.

En el Imperio Medio apareció la estética de dejar en libertad parte de la anatomía femenina. Así, el busto pasó a mostrarse sin reparos y de forma sugerente. Ya en el Imperio Nuevo, los vestidos femeninos pasaron a convertirse en lo que hoy identificaríamos como “ropa interior”. Las transparencias y los pliegues aparecen en su apogeo y marcan las curvas del cuerpo femenino. Es importante resaltar el uso de las pelucas, atributos de las clases superiores por excelencia. Se han encontrado incluso una especie de tenacillas para ondular el pelo de las mismas y hasta alguna peluca con restos de cera de abeja para fijar las ondas. Así, las pirámides se convertían en testigo del nacimiento de lo que podría considerarse un nuevo arte: el arte de vestir bien.


PERO, ¿QUÉ ES VESTIR BIEN?

El fin que persigue el arte en el vestir es la elegancia. Pero también se dice que la elegancia es casi una condición innata, inadquirible, que no está en la maestría del sastre que nos viste, sino en nosotros mismos. A pesar de esto, a lo largo de la Historia, el ser humano no ha cesado en su intento de “parecer elegante”, identificándose quizá erróneamente con “ir a la moda”. Y así, cada período se ha identificado por un tipo diferente de moda, por un tipo diferente de patrones de lo que se consideraba vestir bien. Por tanto, ya que explicar toda la historia de la moda resultaría imposible, casi utópico, al existir tantos estilos como personas, la mejor manera de hacerlo es llevar a cabo un breve repaso de los personajes y los estilos que han marcado cada era. En definitiva, una historia de la moda con nombres propios.


MARÍA ANTONIETA: VIVIR PARA LA MODA

Ya hemos dicho que la historia de la moda ha existido desde mucho tiempo antes, pero uno de los puntos de partida de lo que hoy concebimos como moda podría marcarse en el siglo XVIII. La princesa real de Hungría y de Bohemia, archiduquesa de Austria, reina consorte de Francia y Navarra, la gran María Antonieta, es el mejor ejemplo de lo que podríamos considerar una “fashion victim” del XVIII. Si Francia comenzaba por aquel entonces a condecorarse todas las medallas de Capital de la Moda, Maria Antonieta era el propio emblema de la misma. Una chica demasiado joven para reinar, educada para eso, frívola, pródiga del esnobismo, sumisa al delirio consumista, la reina de Francia vivía obsesionada por la moda y por los zapatos. Y entre zapatos, pelucas, espesos maquillajes y grandes armazones se convirtió en la protagonista de una época marcada por cierta fastuosidad en el vestir. Criticada en la corte francesa por su condición de extranjera, Maria Antonieta convertiría la moda en su arma para lograr el respeto de una sociedad obnubilada por la fachada y obsesionada por la galería.


Lo más llamativo de su atuendo eran sus extravagantes peinados y sombreros, que serían imitados por desde aristócratas hasta plebeyos. Algunos de sus peinados eran tan altos que se dice que en los carruajes tenían que abrir un agujero en el techo para que cupiesen las señoras. Junto con Rose Bertin, a la que había otorgado el título de Ministra de Moda (seña de la obsesión de la reina por su aspecto), comenzará un trayecto imparable de lujos capaces de llenar tres habitaciones de Versalles con sus modelos favoritos, ya que del resto se deshacía. Puso de moda el toile de jouy no sólo para tapicerías, sino también para vestidos. Ella los utilizaba con chal, pamela y escarpines de seda. Se dice que Maria Antonieta vivía en un mundo irreal y tal era su desconocimiento de la realidad que cuando le contaron que la gente del pueblo no podía comer pan contestó “¡Pues que coman pasteles!”. En resumidas cuentas, el estilo de Maria Antonieta no pasaría a la Historia precisamente por su sencillez, sino más bien por todo lo contrario, constituyendo fielmente lo que en todas las artes se conocería como estilo rococó. Pero ni sus pelucas ni sus extravagantes vestidos la salvarían en 1793 de la guillotina. Resulta curioso que, tras la Revolución Francesa, su Ministra de Moda pasara a vestir a las mujeres de los altos cargos de la Revolución. Pero, como se suele decir, “los mismos perros con distintos collares”.


BRUMMEL: SERVIRSE DE LA MODA

Hasta el siglo XIX, los hombres habían ocupado un lugar muy secundario en el juego de la moda. Las mujeres, que disponían de mucho tiempo libre, dedicaban su tiempo a mimarse y a gastar el dinero de los hombres en vestidos y tocados, un mecanismo ideal para dejar claro su estatus social. En la primera parte del siglo XIX, viviría un joven bastante humilde, Georges Brummell, al que se ha considerado el primer dandi de la moda. Con su imagen siempre perfecta, utilizaba la moda para aparentar lo que no era y ocultar su condición humilde. Suponía lo que se consideraba para el momento todo un caballero: cuidaba hasta el más mínimo detalle de su apariencia y conseguía así introducirse en los círculos más exclusivos. Consiguió engañar hasta a sus biógrafos, que llegaron a redactar de él que era un joven aristocrático y un sibarita apasionado por el arte.


WORTH: LA CREACIÓN DE UN ARTE

La segunda parte del siglo XIX marcaría el inicio de la moda tal y como la conocemos hoy en día. De la mano de Charles Frederic Worth nacería la alta costura y la costumbre de organizar desfiles, estos primeros en su propia casa. La ropa pasaba así de estar en manos de modistos a constituirse estos mismo como diseñadores. Los vestidos de Worth transmitían romanticismo y fantasía; eran prendas vaporosas con gasas de aspecto delicado y los colores se limitaban a pasteles, rosas y blancos ligeramente azulados. El término “couturier” fue acuñado para referirse a él y durante este período nacieron muchas casas de moda que contrataban a artistas para diseñar sus prendas. Así, las imágenes podía ser presentadas a los clientes de forma mucho más económica: había nacido la tradición de los bocetos. Más tarde, durante la denominada belle époque, los vestidos almidonados y con enagua marcaban la moda. El ideal de mujer de entonces debía ser de pecho erguido, caderas anchas y nalgas sobresalientes.


COCO CHANEL: REVOLUCIONARIA DE LA MODA

El siglo XX marca la nueva era de la moda, una moda cuyas musas, hasta los años '50, serían las divas de Hollywood. El corsé cae en desuso y la mujer deja al descubierto sus curvas naturales gracias a la maestría de Coco Chanel, que, con su particular manera de ver el mundo, revolucionaría la indumentaria femenina. Coco defendía a ultranza la comodidad y la elegancia como iconos de estilo. Resulta extraordinario que la creadora del glamour fuera en realidad una muchacha de origen humilde, educada en un orfanato por unas monjas que le enseñaron a coser. Y, sin embargo, Coco no hubiera sido la misma si su infancia hubiese sido otra. Al inventar la moda sport, Coco liberó el cuerpo de la mujer: era sólo el inicio de su particular revolución y el fin de la belle époque. Hasta su llegada al mundo de la alta costura, la moda femenina se caracterizó por un perpetuo martirio que avalaba el dicho “Para presumir hay que sufrir”. La incomodidad y poca libertad de las prendas eran fiel reflejo de todas las costumbres que reprimían a la mujer. Pero con Coco nació una nueva era, una era en la que por primera vez la moda femenina era creada por ellas mismas y no por hombres. La nueva imagen era la de una mujer trabajadora y eficiente, que luchaba por obtener el derecho a voto y que se inmiscuía en los asuntos que hasta entonces eran privilegio del poder masculino. Así, Chanel comenzó a crear lo que se denominó traje sastre, el modelo más adecuado para los nuevos tiempos. A pesar de que había comenzado su carrera profesional desde su juventud, su estilo cómodo y práctico triunfaría en los años de entreguerras. Introdujo materiales más simples y baratos, creando entonces los trajes de punto, tejidos finos que otorgaban más flexibilidad para la nueva mujer.


DE CHANEL A NUESTROS DÍAS: PLURALISMO CREADOR

Tras la Segunda Guerra Mundial, podría considerarse que la moda se extendió y tomó diferentes derroteros. Ya no podremos decir que un estilo marca una década, sino que la moda se sucede cada vez a más velocidad, resultando casi imposible (y bastante caro) ir siempre a la moda.

En los años '50, la música rock y el poder norteamericano se impusieron con iconos como Elvis Presley o Marilyn Monroe, cuya melena desplazó los moños y sombreros de los '40.

En los años '60, los Beatles crearon una moda particular de melenas largas y botas puntiagudas, lo que causó una gran revolución social que desafió los rígidos cánones a los que los jóvenes estaban sometidos. A mediados de esta década, este desafío juvenil se llevó al límite imponiendo la “mini”, que reducía a un pequeño trozo de tela a ras de las nalgas las antiguas faldas hasta la rodilla, para indignación y escándalo de los padres. Comenzaba así la moda a identificarse como símbolo de la evolución política y social de un pueblo donde todo repercute en la manera de vestir y desenvolverse.

En los '70, se confirma la pluralidad de formas y estilos. Resulta llamativa, aun así, la irrupción de los brillos a consecuencia de “Fiebre del sábado noche”, la película de culto del momento.

Su evolución ha confirmado, pues, que la moda se constituye cada día más como una representación artística. Muestra de ello son las cada vez más numerosas ferias e instituciones creadas en pro de su evolución. El Museo del Traje, en Madrid, por ejemplo, recoge las distintas tendencias desde el siglo XV hasta nuestros días. Invertir en moda, a gran escala por supuesto, es a día de hoy invertir en arte. La alta costura se paga a precio de arte. Los propios diseñadores conciben su trabajo como arte. Quizá debamos sumar un octavo, de la misma manera que se hiciera en su momento con el cine, y afirmar taxativamente que la moda, la alta costura, la elegancia, los vestidos, los desfiles, etc. constituyen definitivamente el último arte.

 

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